La vida
La vida es como una
gran montaña que, como seres humanos estamos obligados a escalar para llegar a
la cima, esta montaña está llena de mucha vegetación, de buena apariencia, que al mirarla de lejos nos hará pensar que el
camino será fácil pero luego al empezar a escalarla nos damos cuenta que su
suelo no es tan ligero ni tan plano como lo pensamos, pues pequeñas piedras se
convertirán en obstáculos pero solo nuestras grandes habilidades y destrezas serán las que
no permitan que estas sean problema; no todo será malo ya que mientras el tiempo pasa habrán muchas cosas
que nos darán alegría, como el sol
radiante de un cálido día o el cantar de los pájaros que nos harán compañía,
pero no hay que distraerse pues también encontraremos de forma disfrazada
muchas ramas con espinas que puedan lastimarnos pero solo nuestra inteligencia hará
que sepamos diferenciar para no toparnos con ellas y si por error una espina
nos pincha, debemos mantener la calma de seguro nos va a doler y mucho, pero todo pasa solo
debemos sujetarnos bien para que el dolor no nos venza pues nos podemos caer.
Habrán momentos que
nos cansaremos, tendremos que tomarnos unos minutos para descansar y recuperar
fuerzas para continuar pues el camino es largo.
Del mismo modo que veremos
el día lleno de luz, también, la fría noche nos intentara cubrir con su oscuro
manto, no dejemos que esto nos atemorice ni que el frío nos haga temblar pues
la noche es corta y el sol pronto saldrá; también torrenciales lluvias mojaran
el relieve y lo pondrán resbaloso pisemos fuerte no perdamos el ánimo que el
agua de la lluvia sirva para renovarnos,
pensemos siempre que somos únicos e importante, que merecemos lo mejor y nada
ni nadie impedirá que lleguemos a nuestro objetivo, eso nos motivara a seguir
adelante.
No debemos olvidar algo
muy importante, nunca estemos seguros de haber logrado llegar a la cima de esta
montaña sin antes haber posado firmemente nuestros pies sobre ella, por más que
nuestros ojos divisen lo más cerca posible su cumbre, no dejemos que la
desaparición y la tonta emoción por llegar se nos suba a la cabeza, pues nos
pueden hacer perder el equilibrio hasta hacernos caer y golpearnos fuertemente
contra el suelo.
lágrimas, desfoguemos toda nuestra rabia lo más pronto posible para que no
quede nada reprimido, pero no caigamos en depresión, respiremos hondo, tomémonos
un tiempo para meditar nuestros errores y aprender de ellos, luego, inyectémonos una dosis de amor propio, perseverancia y tenacidad,
pensemos que estas cosas le puede pasar hasta al mejor alpinista del mundo, nadie es
perfecto, solo dios, esto nos hará sentir mejor y hasta podremos reírnos de
nuestras torpezas, además de renacer en nosotros el buen ánimo y la sonrisa
aquella que no debemos dejar que se pierda.
Sin perder más tiempo
volvamos a subir esa montaña, recordemos que somos dueños de nuestro destino y
libres de elegir si volver a tomar el reto o quedarnos en el inicio llorando la
derrota.
Cada quien decide lo
importante es hacer lo correcto, el camino es largo eso lo sabemos, lo nuevo es
la forma diferente que utilizaremos para subir, ya que la experiencia enseña
que los seres humanos aprendemos de nuestros errores y está en nosotros no
volver a cometerlos.
“Subamos con fuerza
no miremos el pasado pues en eso ha quedado nunca debemos retroceder y si lo
hacemos que sea sin mirar atrás pero solo para tomar impulso para seguir
subiendo”.
Patricia Sánchez Escobar